bulimia durante el embarazo

Quisiera plantear las preguntas que me hizo una paciente embarazada.
 
Celia será su nombre supuesto, su edad real cuando la conocí era veintinueve años. La paciente había iniciado un cuadro de Anorexia Nerviosa Restrictiva a los catorce años y medio, había negado su
enfermedad y no había permitido que la tratara nadie. A los diez y nueve años comenzó a presentar atracones semanales seguidos de vómitos. Al principio solamente uno, pasando el tiempo hasta tres o cuatro por semana. Siguió comiendo poco, obsesionada por no subir de peso pero no podía evitar tomar duces a media tarde que la conducían a provocarse el vómito.
 
Celia fue buena estudiante. Se licenció y ejerció su profesión  pronto e intensamente en un puesto de trabajo que la exigía bastantes horas de dedicación al día. Inició una relación pronto también y se fue a vivir en pareja a los veintiséis años. Su novio pensó que podría ayudarla tener un hijo. Él percibía sus dificultades para alimentarse. Celia no le contaba todos sus síntomas, él ignoraba que ella vomitaba. Celia lograba cenar con él a diario, pequeñas cantidades de cada plato y conseguía no vomitar. La paciente decía que esa cenas la mantenían. Mantenían su salud. Ella estaba delgada desde siempre y le faltaba la regla algunos meses. Aún así se quedó embarazada. Celia nos consultó por primera vez a los tres meses de embarazo. Estaba asustada, creía que iba a dejar de vomitar, dejar de comer dulces de esa forma atropellada que detestaba, dejar de comer dulces y vomitar, pero no lo hizo. A media tarde, al rato de volver del trabajo, como siempre se repetía la misma sucesión de hechos y sentimientos. 
 
La paciente reconoció que en el trabajo no le daba tiempo a comer ni tenía ganas de hacerlo. Las preguntas que me hizo Celia :
  • ¿Cómo tranquilizarme?
  • ¿Cómo conseguir que desaparezcan los vómitos y los pequeños pero persistentes atracones?
  • ¿Cómo seguir pautas sanas de alimentación después de tantos años de no hacerlo?
  • ¿Podría medicarme estando embarazada?
  • ¿Qué le digo a mi pareja? Me siento muy mal engañándole.
Estas preguntas fueron la base del trabajo terapéutico hasta el parto y después del mismo. Pudimos aprovechar que Celia fuera consciente de la importancia de la enfermedad en su vida y también que fuera la primera vez que se motivara para ponerse en tratamiento. El embarazo la motivó pero una vez nacida su hija ella vio la necesidad de continuar  hasta ser lo suficientemente estable, hasta estar segura, entre otros aspectos, de no recaer.  

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